Contexto histórico

Tras su victoria sobre Austria en Austerlitz (1805), Napoleón organizó en 1806 una confederación de dieciséis Estados alemanes (ampliada después a más de treinta) bajo su protección, lo que llevó al emperador Francisco II a disolver formalmente el Sacro Imperio Romano Germánico ese mismo año, poniendo fin a una institución de casi mil años de historia.

Política y poder

Los príncipes miembros, entre ellos Baviera y Wurtemberg (elevados a reinos por Napoleón), conservaron su gobierno interno pero quedaron obligados a aportar tropas a las campañas francesas y a alinear su política exterior con Francia.

Guerras y conflictos

Los contingentes militares de la Confederación participaron en las principales campañas napoleónicas, incluida la invasión de Rusia de 1812; tras la derrota francesa en la batalla de Leipzig (1813), la mayoría de sus miembros abandonaron la alianza con Napoleón y se unieron a la coalición aliada, precipitando la disolución de la Confederación.

Legado y transición

La reorganización territorial alemana bajo Napoleón, que redujo drásticamente el número de Estados alemanes existentes mediante mediatizaciones y fusiones, y la introducción de reformas administrativas de inspiración francesa, sentaron sin pretenderlo las bases territoriales e institucionales que facilitarían la posterior unificación alemana del siglo XIX.