Contexto histórico
La Edad Contemporánea se inicia convencionalmente con la Revolución Francesa de 1789, un acontecimiento que simboliza el tránsito desde el orden político del Antiguo Régimen hacia los principios de soberanía nacional, igualdad ante la ley y derechos individuales que, con matices y ritmos muy distintos según el país, definirían buena parte de la política moderna posterior. A diferencia de las eras anteriores, la Edad Contemporánea no tiene fecha de cierre, porque es el periodo en el que nos encontramos actualmente; los historiadores suelen distinguir dentro de ella subperiodos como el "largo siglo XIX" (1789-1914) y el "corto siglo XX" (1914-1991), una periodización propuesta por el historiador Eric Hobsbawm.
Este periodo, el más breve de los cinco en términos cronológicos, ha sido con diferencia el de cambios más acelerados en la historia humana: la población mundial se ha multiplicado varias veces, la esperanza de vida media ha aumentado de forma extraordinaria gracias a los avances médicos y sanitarios, y la tecnología ha transformado casi todos los aspectos de la vida cotidiana.
Vida cotidiana
La Edad Contemporánea ha visto una transformación radical en la forma de vivir de la mayoría de la humanidad: el paso de sociedades mayoritariamente rurales a sociedades mayoritariamente urbanas e industriales o de servicios; la generalización de la educación básica; avances médicos como las vacunas y los antibióticos; y, en las últimas décadas, la revolución digital e Internet.


