Contexto histórico
La Revolución Industrial comenzó en Gran Bretaña a partir de mediados del siglo XVIII, favorecida por la disponibilidad de carbón y hierro, un sistema financiero desarrollado y una agricultura ya productiva. La invención y perfeccionamiento de la máquina de vapor por James Watt en la década de 1760-1770 fue una de las innovaciones más determinantes, al permitir mecanizar procesos productivos —primero en la industria textil— de forma independiente de la fuerza humana o animal.
Sociedad
La industrialización provocó una masiva migración de población rural hacia las nuevas ciudades industriales, generando condiciones de vida a menudo miserables: hacinamiento, insalubridad y jornadas laborales muy prolongadas, incluyendo el trabajo infantil. De estas condiciones surgió el proletariado industrial, y con él los primeros sindicatos y las primeras corrientes de pensamiento socialista, entre ellas la desarrollada por Karl Marx y Friedrich Engels a partir de mediados del siglo XIX.
Economía
La industrialización se extendió progresivamente desde Gran Bretaña a Bélgica, Francia, los territorios alemanes y Estados Unidos a lo largo del siglo XIX, apoyada en el ferrocarril y en un sistema financiero cada vez más sofisticado.
Ciencia y tecnología
Además de la máquina de vapor, este periodo vio avances como el telar mecánico, los altos hornos para la producción de acero a gran escala, y hacia el final del siglo XIX la llamada "Segunda Revolución Industrial", basada en la electricidad, el motor de combustión interna y nuevos procesos químicos.


