Contexto histórico

El fascismo surgió en la Europa devastada y polarizada de la primera posguerra mundial, en un contexto de crisis económica, miedo a la revolución bolchevique, frustración nacionalista y desprestigio de los sistemas liberales parlamentarios, que se mostraban incapaces de ofrecer respuestas eficaces a la crisis social y económica.

Sociedad

La sociedad de Fascismo estuvo marcada por jerarquías, comunidades, grupos profesionales y formas de vida propias de su época.

Política y poder

Como ideología, el fascismo defendió un Estado totalitario de partido único bajo un líder carismático, el rechazo tanto del liberalismo parlamentario como del marxismo internacionalista, el culto a la nación y a la violencia como instrumento regenerador, y un modelo corporativista de organización económica y social que pretendía superar la lucha de clases.

Religión y creencias

Las creencias y prácticas religiosas de su entorno influyeron en la legitimidad política, las costumbres y la cultura.

Guerras y conflictos

Sus conflictos, alianzas y transformaciones militares estuvieron condicionados por las potencias vecinas y por la época.

Cultura

El fascismo desarrolló una intensa estética de masas basada en desfiles, uniformes, saludos y símbolos (el "fascio" romano en Italia, la esvástica en Alemania), y una retórica que exaltaba el mito de una nación decadente llamada a recuperar su grandeza histórica mediante la acción y el sacrificio colectivo.

Legado y transición

El fascismo italiano de Mussolini (1922) fue el primer movimiento en alcanzar el poder y sirvió de modelo e inspiración, con adaptaciones locales muy diversas, para movimientos similares en toda Europa durante los años veinte y treinta, entre ellos el nazismo alemán, aunque los historiadores debaten hasta qué punto pueden agruparse bajo una única categoría genérica dada la diversidad de estos movimientos entre países.