Contexto histórico
El Imperio romano de Oriente sobrevivió a la caída del poder imperial occidental y mantuvo durante siglos instituciones, derecho y tradiciones romanas. Constantinopla fue su principal centro político y económico.
Territorio y geografía
Durante la Alta Edad Media el imperio controló Anatolia, los Balcanes y territorios del Mediterráneo oriental, aunque sus fronteras cambiaron por las guerras con persas, árabes y otros pueblos.
Política y poder
El emperador concentraba una autoridad considerable y gobernaba mediante una administración burocrática heredada de Roma. Justiniano I intentó recuperar territorios occidentales y reforzó la legislación mediante el Corpus Iuris Civilis.
Economía
Constantinopla fue uno de los grandes centros comerciales del Mediterráneo y conectó Europa, Asia y Oriente Próximo. La moneda de oro bizantina mantuvo una gran importancia en el comercio regional.
Religión y creencias
El cristianismo fue central para la legitimidad imperial. Las controversias doctrinales y la relación con Roma marcaron la evolución de la Iglesia oriental, aunque el cisma definitivo de 1054 pertenece a un periodo posterior.
Guerras y conflictos
Justiniano combatió a vándalos y ostrogodos. Posteriormente Bizancio afrontó guerras prolongadas contra el Imperio sasánida y, desde el siglo VII, contra los califatos islámicos.
Cultura
Constantinopla conservó la tradición literaria y jurídica grecorromana y desarrolló una cultura cristiana propia. La arquitectura monumental y el arte religioso alcanzaron gran desarrollo.
Legado y transición
Bizancio preservó y transformó la herencia romana y ejerció una enorme influencia religiosa, política y cultural sobre los Balcanes, Rusia y el Mediterráneo oriental.


