Contexto histórico
Dinamarca-Noruega fue una monarquía compuesta que reunió el reino danés y Noruega, junto con otros territorios vinculados a la Corona. Durante la Edad Moderna participó en la política del Báltico y del norte de Europa y experimentó la Reforma y posteriormente el absolutismo.
Territorio y geografía
La monarquía incluía Dinamarca y Noruega, además de Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe bajo la Corona noruega, y diversos territorios y derechos en el Báltico. Su composición territorial cambió con las guerras y tratados de los siglos XVI y XVII.
Cronología
1536: consolidación de la Reforma en Dinamarca y Noruega. 1611–1613: Guerra de Kalmar. 1625–1629: intervención danesa en la Guerra de los Treinta Años. 1658: Tratado de Roskilde y grandes pérdidas territoriales frente a Suecia. 1660–1661: instauración del absolutismo.
Política y poder
La unión dinástica se mantuvo desde finales del siglo XIV hasta 1814. En 1536 la Reforma consolidó el control de la monarquía sobre la Iglesia. En 1660–1661 se estableció el absolutismo hereditario en Dinamarca y Noruega.
Economía
La posición danesa en los estrechos que conectaban el mar del Norte y el Báltico permitió recaudar el impuesto del Sund a los barcos mercantes. La agricultura, la ganadería, la pesca, la explotación forestal y el comercio marítimo fueron pilares económicos, mientras Noruega aportaba madera, pescado y otros recursos.
Religión y creencias
La Reforma luterana se impuso en la década de 1530 y transformó la organización eclesiástica. La Corona asumió el control de gran parte de los bienes de la Iglesia y estableció una Iglesia luterana estatal.
Guerras y conflictos
Dinamarca-Noruega compitió con Suecia por la hegemonía escandinava y báltica. Participó en las guerras del norte, la Guerra de los Treinta Años y posteriores conflictos con Suecia, sufriendo pérdidas territoriales importantes en el siglo XVII.
Legado y transición
La monarquía danesa-noruega fue una de las principales potencias del norte de Europa durante parte de la Edad Moderna y dejó una estructura política y territorial que condicionó la historia posterior de Escandinavia y el Atlántico norte.


