Contexto histórico

Navarra fue un reino pirenaico situado entre las grandes monarquías ibéricas y Francia. Durante el Renacimiento su posición fronteriza la convirtió en objeto de presión de Castilla y Aragón y, posteriormente, de Francia.

Territorio y geografía

El reino comprendía territorios a ambos lados de los Pirineos. Desde 1512 la mayor parte de la Navarra peninsular quedó bajo control castellano, mientras que la Navarra ultrapirenaica permaneció vinculada a la dinastía navarra y posteriormente a la monarquía francesa.

Cronología

1512: invasión castellano-aragonesa. 1515: incorporación de Navarra peninsular a Castilla. 1521: último gran intento de recuperación. 1572: muerte de Juana de Albret. 1589: Enrique de Navarra se convierte en rey de Francia como Enrique IV.

Sociedad

La sociedad navarra combinaba estructuras nobiliarias, comunidades urbanas y población campesina. Las instituciones forales conservaron importancia, especialmente en la gestión política y fiscal del territorio.

Política y poder

La dinastía de Foix-Albret gobernó Navarra en la fase final de su independencia. Fernando el Católico invadió la Navarra peninsular en 1512 y su incorporación a la Corona de Castilla se consolidó posteriormente. La Baja Navarra permaneció independiente hasta su unión dinástica con Francia en el siglo XVII.

Religión y creencias

Navarra era mayoritariamente católica, aunque durante el siglo XVI la Reforma protestante tuvo cierta presencia en la Baja Navarra y en el entorno de la corte de Juana de Albret.

Guerras y conflictos

La conquista de 1512 fue el principal episodio de la pérdida de independencia. En 1516 y 1521 hubo nuevos intentos de recuperar el territorio, este último vinculado a la intervención francesa, pero la resistencia fracasó.

Personajes históricos

Juan III de Albret y Catalina de Foix fueron los últimos monarcas de la Navarra independiente antes de la conquista peninsular. Juana de Albret mantuvo la soberanía de la Baja Navarra y se vinculó al protestantismo francés.

Legado y transición

La historia navarra del Renacimiento muestra la complejidad de las fronteras políticas europeas y la supervivencia de instituciones propias incluso después de la pérdida de la soberanía peninsular.