Contexto histórico
El Imperio ruso llegó a la Primera Guerra Mundial arrastrando profundas tensiones sociales y políticas: un régimen zarista autocrático, una industrialización tardía y desigual, un campesinado mayoritario con escaso acceso a la tierra y fuertes diferencias nacionales dentro del imperio. Las enormes pérdidas humanas, la inflación y el desabastecimiento provocados por la guerra agravaron drásticamente el descontento popular.
Cronología
Febrero de 1917: caída de Nicolás II. Primavera-verano: crisis del Gobierno Provisional. Octubre de 1917: toma bolchevique del poder. Marzo de 1918: Brest-Litovsk. 1918-1922: guerra civil. Diciembre de 1922: creación de la URSS.
Causas
La crisis revolucionaria combinó la autocracia zarista, la desigualdad agraria, la conflictividad obrera, la debilidad institucional y el impacto de la Primera Guerra Mundial. La escasez de alimentos, las pérdidas militares y la pérdida de confianza en el gobierno aceleraron la crisis en 1917.
Desarrollo
La Revolución de Febrero derribó la monarquía y creó una situación de doble poder entre el Gobierno Provisional y los sóviets. Los bolcheviques ganaron influencia durante 1917 y tomaron el poder en octubre. Después siguieron la guerra civil, la centralización del nuevo Estado y la formación de la URSS en 1922.
Sociedad
Campesinos, obreros y soldados fueron protagonistas de la crisis, aunque sus objetivos no siempre coincidían. La guerra civil provocó hambre, desplazamientos y una enorme mortalidad, mientras el nuevo régimen reorganizaba la sociedad y ampliaba la intervención estatal.
Política y poder
En febrero de 1917 (según el calendario juliano entonces vigente en Rusia), una oleada de protestas y motines en Petrogrado forzó la abdicación del zar Nicolás II, dando paso a un Gobierno Provisional. Surgió una situación de doble poder entre el Gobierno Provisional y los sóviets, especialmente el de Petrogrado. El nuevo gobierno decidió mantener la participación rusa en la guerra, una decisión que erosionó rápidamente su apoyo popular. En octubre de ese mismo año, el Partido Bolchevique, liderado por Vladímir Lenin, tomó el poder mediante una insurrección armada en Petrogrado, prometiendo "paz, pan y tierra".
Economía
El nuevo gobierno soviético nacionalizó la tierra y buena parte de la industria, en un proceso de transformación económica radical que, tras la fase de "comunismo de guerra", pasó por distintas fases de política económica —incluida la Nueva Política Económica desde 1921, que permitió cierta actividad de mercado— antes de la colectivización forzosa e industrialización acelerada impulsadas por Iósif Stalin a partir de finales de esa misma década.
Guerras y conflictos
Tras la toma del poder, Rusia firmó una paz por separado con Alemania (Tratado de Brest-Litovsk, 1918) que implicó importantes cesiones territoriales, y el país se sumió en una sangrienta guerra civil (1917-1922) entre el Ejército Rojo bolchevique y las fuerzas contrarrevolucionarias conocidas como el Ejército Blanco, con intervención de varias potencias extranjeras, que terminó con la victoria bolchevique y la consolidación del nuevo régimen.
Ciencia y tecnología
La industrialización previa había creado núcleos obreros en grandes ciudades, y la guerra impulsó la producción militar. Tras la revolución, el Estado concedió una importancia creciente a la alfabetización, la educación técnica y la industrialización.
Personajes históricos
Entre las figuras decisivas estuvieron Nicolás II, Lenin, Trotski, Aleksandr Kérenski, Stalin y figuras revolucionarias como Aleksandra Kolontái. También fueron relevantes los dirigentes de los movimientos blancos y los mandos militares de la guerra civil.
Consecuencias
La monarquía rusa desapareció, Rusia abandonó la Primera Guerra Mundial y se creó un Estado revolucionario que acabaría convirtiéndose en la URSS. La guerra civil consolidó el poder bolchevique y dejó una economía y una sociedad profundamente devastadas.
Legado y transición
La Revolución Rusa dio origen a la Unión Soviética (formalmente constituida en 1922) y al primer estado del mundo gobernado bajo una ideología marxista-leninista, un modelo político y económico que se extendería tras la Segunda Guerra Mundial a buena parte de Europa oriental y, con variantes, a otros países, y que definiría junto a Estados Unidos la geopolítica mundial de buena parte del siglo XX.


