Contexto histórico
Tras la Restauración Meiji, Japón se industrializó y construyó unas fuerzas armadas modernas. Al mismo tiempo, Rusia avanzaba hacia el Pacífico y buscaba consolidar su influencia en Manchuria y Corea. Ambas potencias chocaron por el control estratégico de la región.
Causas
La rivalidad por Corea y Manchuria fue la causa inmediata. Rusia había ocupado Port Arthur y aumentado su presencia en Manchuria, mientras Japón consideraba Corea fundamental para su seguridad y expansión regional. Las negociaciones no resolvieron las diferencias.
Desarrollo
Japón atacó Port Arthur en febrero de 1904 y obtuvo importantes victorias terrestres y navales. La batalla de Mukden fue una gran derrota rusa en tierra, mientras la batalla naval de Tsushima de mayo de 1905 destruyó gran parte de la flota rusa del Báltico. El Tratado de Portsmouth puso fin a la guerra en septiembre de 1905.
Política y poder
Japón consolidó su posición como potencia imperial en Asia y Rusia sufrió un importante golpe a su prestigio internacional. La derrota contribuyó además al descontento político que desembocó en la Revolución rusa de 1905, aunque no fue su única causa.
Guerras y conflictos
La guerra mostró el impacto de la industrialización sobre la guerra moderna: artillería pesada, ferrocarriles, comunicaciones telegráficas, ametralladoras y grandes flotas acorazadas desempeñaron un papel destacado.
Consecuencias
Rusia reconoció la posición predominante de Japón en Corea y cedió derechos e intereses en Manchuria y territorios como el sur de Sajalín. Japón pasó a ser reconocido como una gran potencia militar y posteriormente reforzó su dominio sobre Corea.
Legado y transición
Fue la primera gran guerra moderna en la que una potencia asiática derrotó a una potencia europea. Su resultado tuvo repercusiones en Asia, Europa y en los movimientos nacionalistas de otros territorios sometidos a dominio imperial.


