Contexto histórico
El nacionalismo del siglo XIX sostuvo que una comunidad definida por elementos como lengua, cultura, historia o voluntad política debía constituirse en nación y, en muchos casos, disponer de un Estado propio. Se desarrolló junto al liberalismo, aunque ambos movimientos también entraron en conflicto.
Cronología
1804–1815: expansión napoleónica y reacción nacional en Europa. 1830: oleada revolucionaria con componentes nacionales. 1848: Primavera de los Pueblos. 1861: proclamación del Reino de Italia. 1871: proclamación del Imperio alemán. Finales del siglo XIX: expansión del nacionalismo en Europa y movimientos nacionales en Asia y Oriente Medio.
Sociedad
La escuela, el servicio militar, la prensa y las celebraciones públicas ayudaron a difundir identidades nacionales. La construcción nacional también podía excluir a minorías lingüísticas, religiosas o étnicas y generar disputas sobre quién pertenecía a la nación.
Política y poder
El nacionalismo cuestionó imperios dinásticos y estructuras supranacionales y favoreció la creación o consolidación de Estados nacionales. En Europa fue decisivo en las unificaciones de Italia y Alemania y en las demandas de autonomía de pueblos sometidos a los imperios multinacionales.
Economía
Los Estados nacionales impulsaron mercados internos más integrados mediante sistemas fiscales, ferrocarriles, monedas y legislación comunes. La industrialización reforzó la capacidad material de algunos Estados para consolidar su poder y competir internacionalmente.
Religión y creencias
Las creencias y prácticas religiosas de su entorno influyeron en la legitimidad política, las costumbres y la cultura.
Guerras y conflictos
El nacionalismo contribuyó a las guerras de unificación italiana y alemana y a numerosos conflictos en los Balcanes y Europa oriental. Su combinación con rivalidades imperiales y alianzas fue uno de los factores que agravaron las tensiones que precedieron a la Primera Guerra Mundial.
Consecuencias
El nacionalismo transformó la legitimidad política al vincularla cada vez más con la nación y no solo con las dinastías. Favoreció la construcción estatal, pero también rivalidades territoriales, exclusiones y conflictos.
Legado y transición
La nación continúa siendo una de las principales formas de organización política del mundo contemporáneo, mientras los debates sobre nacionalidad, minorías, autodeterminación e identidad siguen teniendo consecuencias internacionales.


