Contexto histórico
Francia salió de la Primera Guerra Mundial como potencia vencedora, pero con un país devastado: buena parte de los combates se libraron en su propio territorio, con más de 1,3 millones de muertos y regiones enteras del noreste arrasadas. La Tercera República, vigente desde 1870, mantuvo durante los años veinte y treinta un sistema parlamentario multipartidista con gobiernos de coalición muy inestables, en un contexto marcado por la obsesión por la seguridad frente a Alemania y por profundas divisiones internas entre izquierda y derecha.
Cronología
1919: Tratado de Versalles. 1923-1925: ocupación francesa del Ruhr. 1925: Acuerdos de Locarno. 1929-1931: llegada tardía de la Gran Depresión. 1934: disturbios del 6 de febrero. 1936: victoria del Frente Popular y Acuerdos de Matignon. 1938: Acuerdos de Múnich. Septiembre de 1939: declaración de guerra a Alemania. Mayo-junio de 1940: derrota y ocupación alemana.
Sociedad
La sociedad francesa de entreguerras vivió una desigual recuperación demográfica tras las enormes pérdidas humanas de 1914-1918, lo que impulsó una política de inmigración relativamente abierta hacia italianos, polacos, españoles y centroeuropeos. El movimiento obrero se reorganizó en torno a sindicatos y partidos de izquierda, mientras la clase media y el campesinado, muy numeroso todavía en Francia, mantenían posiciones más conservadoras. La memoria de la guerra, con cientos de miles de mutilados y viudas, marcó profundamente la cultura pública del periodo.
Política y poder
El sistema político francés se caracterizó por una enorme fragmentación parlamentaria y una sucesión constante de gobiernos de corta duración, ninguno de los cuales llegó a disponer de una mayoría sólida y duradera. En 1924 y de nuevo en 1936 triunfaron coaliciones de izquierda (el Cartel de Izquierdas y el Frente Popular, este último liderado por Léon Blum), mientras que la derecha y una extrema derecha nacionalista y antiparlamentaria crecieron con fuerza, protagonizando episodios de violencia política como los disturbios del 6 de febrero de 1934 en París, que estuvieron a punto de derribar el régimen.
Economía
Los años veinte trajeron una recuperación relativa apoyada en las reparaciones alemanas y en la reconstrucción de las zonas devastadas, pero la Gran Depresión golpeó a Francia con cierto retraso respecto a otros países, a partir de 1931, y de forma más prolongada, con un desempleo creciente y una industria estancada. El Frente Popular respondió en 1936 con los Acuerdos de Matignon, que establecieron aumentos salariales, la semana de cuarenta horas y las primeras vacaciones pagadas, aunque estas medidas convivieron con una economía que no logró superar del todo la crisis antes de 1939.
Cultura
París siguió siendo un gran centro cultural internacional, con un floreciente mundo artístico e intelectual (el surrealismo, el cine sonoro, el jazz) y una intensa vida editorial y periodística, aunque también un ambiente político crecientemente polarizado, con una prensa muy partidista que reflejaba y alimentaba las divisiones ideológicas del país.
Ciencia y tecnología
Francia mantuvo un notable desarrollo científico y de ingeniería civil y militar, invirtiendo fuertemente en la Línea Maginot, un sistema de fortificaciones fronterizas concebido para prevenir una nueva invasión alemana por el este, cuya concepción defensiva reflejó el trauma colectivo de 1914-1918, pero que resultó estratégicamente insuficiente frente a la ofensiva alemana de 1940.
Personajes históricos
Entre las figuras políticas destacadas del periodo estuvieron Raymond Poincaré, Aristide Briand (impulsor de una activa diplomacia de conciliación con Alemania, simbolizada en los acuerdos de Locarno de 1925), Léon Blum, primer socialista y primer judío en presidir un gobierno francés, y Édouard Daladier, presidente del Consejo en el momento de la crisis de Múnich de 1938.
Consecuencias
La incapacidad del sistema político para generar gobiernos estables y consensuados, unida a las divisiones sociales e ideológicas y a una estrategia militar defensiva desbordada por la guerra relámpago alemana, condujo a la rápida derrota de 1940, que puso fin a la Tercera República y dio paso al régimen colaboracionista de Vichy y a la ocupación alemana del país.
Legado y transición
Pese a su colapso final, la Tercera República dejó instituciones republicanas, sindicales y de bienestar social (como las conquistas del Frente Popular) que serían recuperadas y ampliadas tras la liberación de Francia en 1944-1945.


