Contexto histórico
La dinastía Ming gobernó China desde 1368 hasta 1644 y surgió de la rebelión que acabó con el dominio Yuan. En esta Edad Media se aborda especialmente su primera fase, desde la recuperación del poder imperial en el siglo XIV hasta la consolidación del Estado en el siglo XV; la dinastía continuó durante la Edad Moderna.
Territorio y geografía
El núcleo imperial estuvo en China, mientras las relaciones con Mongolia, Vietnam, Corea, Japón y los Estados del Asia central cambiaron según cada etapa.
Sociedad
Campesinos, funcionarios letrados, artesanos, comerciantes, soldados y esclavos formaban una sociedad compleja. Los exámenes imperiales fueron importantes para el acceso a la burocracia.
Política y poder
Hongwu reforzó la autoridad imperial y reorganizó la administración, el ejército y la fiscalidad. Los emperadores posteriores combinaron burocracia civil, eunucos de corte y estructuras militares.
Economía
La agricultura fue la base fiscal y demográfica, mientras el comercio de porcelana, seda y otros productos conectó China con el océano Índico y el Sudeste Asiático.
Religión y creencias
Confucianismo, budismo y taoísmo coexistieron, mientras las instituciones estatales utilizaron rituales y cultos oficiales para legitimar la autoridad imperial.
Guerras y conflictos
Los Ming combatieron contra mongoles, japoneses y poderes del Sudeste Asiático. Las expediciones marítimas de Zheng He proyectaron poder y comercio hacia el océano Índico.
Legado y transición
La dinastía Ming dejó una profunda huella en la administración, arte, arquitectura y comercio de China y preparó el contexto de la transición a los Qing en el siglo XVII.


