Contexto histórico
La Edad Antigua comienza, según el criterio historiográfico más extendido, con la invención de la escritura hacia el 3300-3000 a.C. en Mesopotamia (escritura cuneiforme) y poco después en Egipto (jeroglíficos), un hito que marca convencionalmente el final de la Prehistoria porque a partir de entonces disponemos de fuentes escritas directas para reconstruir el pasado.
Este larguísimo periodo —más de tres milenios— vio nacer y desaparecer numerosas civilizaciones: los imperios fluviales de Mesopotamia y Egipto; las civilizaciones del valle del Indo y de China; las ciudades-estado griegas; el Imperio persa aqueménida, uno de los mayores estados territoriales conocidos hasta entonces; y finalmente Roma, que pasó de ser una pequeña ciudad-estado a controlar todo el Mediterráneo, gran parte de Europa occidental, el norte de África y Oriente Próximo. Aunque en Occidente la tradición historiográfica sitúa el foco en el Mediterráneo, conviene subrayar que durante estos mismos siglos florecieron también, de forma independiente, grandes civilizaciones en el sur y el este de Asia con trayectorias propias y en buena medida no conectadas con el mundo mediterráneo hasta bien entrada la Edad Antigua.
El final convencional de la Edad Antigua en Occidente se sitúa en el 476 d.C., cuando el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, fue depuesto por el caudillo germánico Odoacro. Esta es una fecha simbólica más que una ruptura tajante: el Imperio romano de Oriente (bizantino) continuó existiendo casi mil años más, hasta 1453, y en Asia los grandes imperios y dinastías siguieron su propia cronología, sin relación con esta fecha europea.
Vida cotidiana
A pesar de la enorme diversidad entre civilizaciones, la Edad Antigua comparte algunos rasgos comunes: la mayoría de la población vivía de actividades rurales, aunque la proporción exacta variaba mucho según la región y el periodo. La esclavitud y otras formas de dependencia existieron en numerosas sociedades antiguas, pero sus formas, extensión y significado jurídico fueron muy diferentes según cada contexto. La escritura y la alfabetización, aunque revolucionarias, siguieron siendo privilegios de una minoría durante toda la Antigüedad.


