Contexto histórico
La Prehistoria es una denominación arqueológica e histórica para las sociedades anteriores a la existencia o disponibilidad de fuentes escritas que permitan reconstruirlas directamente. Su comienzo depende del ámbito de estudio: si se entiende como historia de los homininos, puede remontarse a varios millones de años; si se centra en nuestra especie, comienza con Homo sapiens, cuyos primeros fósiles conocidos datan de hace unos 300.000 años. Su final tampoco es simultáneo: la escritura apareció primero en algunas sociedades de Mesopotamia y Egipto durante el IV milenio a. C., mientras muchas otras comunidades continuaron durante siglos o milenios sin sistemas escritos propios.
La división en Paleolítico, Mesolítico, Neolítico y Edad de los Metales es una herramienta de clasificación, no una secuencia idéntica para todo el planeta. La agricultura surgió de forma independiente en varias regiones, la metalurgia se desarrolló en momentos diferentes y numerosos grupos combinaron agricultura, ganadería, caza, pesca y recolección durante milenios.
Territorio y geografía
Homo sapiens surgió en África y posteriormente se expandió por Eurasia, Australia, Oceanía y América. Las rutas de dispersión dependieron de cambios climáticos, disponibilidad de agua y alimentos, costas, corredores fluviales y pasos entre montañas. Durante las glaciaciones el nivel del mar descendió considerablemente y creó conexiones terrestres hoy desaparecidas, como Beringia entre Siberia y Alaska.
La Prehistoria no tuvo un único centro de desarrollo. África fue fundamental para la evolución de nuestra especie; Oriente Próximo tuvo un papel decisivo en algunas formas tempranas de sedentarismo y agricultura; China desarrolló tradiciones agrícolas propias; Nueva Guinea, Mesoamérica y los Andes también generaron procesos de domesticación independientes.
Cronología
c. 300.000 años atrás: primeros fósiles conocidos de Homo sapiens. Hace más de 100.000 años: diversas dispersiones fuera de África, algunas de las cuales no contribuyeron de forma importante a las poblaciones no africanas actuales. Hace unos 65.000 años: presencia humana en Australia según la evidencia arqueológica ampliamente aceptada. Hace unos 26.500–19.000 años: Último Máximo Glacial; Beringia conectó Siberia y Alaska durante distintos periodos, mientras que la cronología y las rutas exactas del poblamiento americano siguen en debate. Hace unos 11.700 años: comienzo del Holoceno. La transición a economías productoras ocurrió en momentos diferentes según la región. IV milenio a. C.: primeras escrituras conocidas en Mesopotamia y Egipto.
Sociedad
Las sociedades prehistóricas fueron extraordinariamente diversas. Los grupos cazadores-recolectores tendían a organizarse en comunidades relativamente pequeñas y móviles, aunque existieron asentamientos más estables donde los recursos eran abundantes. El Neolítico permitió una mayor concentración de población y favoreció nuevas formas de cooperación, autoridad, propiedad y desigualdad.
La evidencia arqueológica muestra que no puede hablarse de una única «sociedad prehistórica». El tamaño de los grupos, la división del trabajo, el papel de la familia y el grado de jerarquización variaron según ambiente, tecnología, economía y época.
Economía
Durante gran parte de la Prehistoria la subsistencia se basó en combinaciones de caza, pesca, recolección y aprovechamiento de recursos silvestres. Con el Neolítico aparecieron economías productoras basadas en plantas cultivadas y animales domesticados, aunque las actividades de caza y recolección no desaparecieron de inmediato.
Los excedentes agrícolas facilitaron el almacenamiento, el intercambio y la especialización del trabajo. En las fases metalúrgicas aumentaron las redes de intercambio de minerales, objetos y materias primas, conectando regiones alejadas mucho antes de la formación de los grandes Estados.
Religión y creencias
No existen textos que permitan reconstruir directamente las creencias de la mayor parte de la Prehistoria. Los enterramientos, los objetos depositados con los muertos, determinados lugares rituales y las representaciones artísticas ofrecen indicios, pero su interpretación es necesariamente hipotética.
Es posible hablar de prácticas simbólicas y rituales sin atribuir automáticamente a todos los grupos conceptos religiosos concretos. La diversidad de enterramientos y espacios ceremoniales indica que las ideas sobre la muerte, los antepasados, los animales, el paisaje y la comunidad pudieron adquirir formas muy diferentes.
Vida cotidiana
La vida cotidiana dependía estrechamente del entorno. Los cazadores-recolectores se desplazaban cuando era necesario y fabricaban gran parte de sus herramientas y objetos; los agricultores sedentarios dedicaban más tiempo a cultivar, cuidar animales, construir viviendas y almacenar alimentos. La alimentación, la vivienda y el trabajo cambiaban según clima y recursos.
La infancia ocupaba una parte importante de la vida social y el aprendizaje era principalmente práctico y colectivo. Los restos humanos también muestran episodios de enfermedad, lesiones y estrés nutricional, aunque las conclusiones deben hacerse con cautela porque el registro arqueológico es incompleto.
Cultura
El pensamiento y comportamiento simbólico aparecen en distintas formas y momentos del registro arqueológico. Adornos personales, pigmentos, grabados, esculturas, pinturas rupestres, objetos decorados y prácticas funerarias proporcionan evidencias, pero su aparición no debe imaginarse como una «explosión» repentina exclusiva del Paleolítico superior: existen indicios de simbolismo y redes sociales complejas mucho anteriores. El arte paleolítico de Europa es especialmente conocido, pero existen tradiciones rupestres y simbólicas en África, Asia, Australia y otras regiones.
La transmisión oral de conocimientos debió ser fundamental: técnicas de talla, rutas, plantas útiles, comportamiento animal y normas sociales tenían que conservarse entre generaciones. El lenguaje no puede observarse directamente en el registro arqueológico. Su papel en la transmisión de conocimientos se infiere por la complejidad acumulativa de algunas tecnologías y prácticas sociales, pero no podemos establecer con precisión cuándo apareció el lenguaje plenamente articulado ni qué características tenía.
Ciencia y tecnología
La tecnología prehistórica avanzó mediante acumulación de conocimientos: herramientas de piedra, control del fuego, armas compuestas, agujas, redes, arpones, embarcaciones, cerámica, tejidos, agricultura y metalurgia. Muchas innovaciones no aparecieron una sola vez ni sustituyeron inmediatamente a las anteriores.
La observación del ciclo de las estaciones, de los animales, de las plantas y de los astros permitió tomar decisiones sobre movilidad, agricultura y ritual. La experimentación con materiales y técnicas constituye una forma práctica de conocimiento mucho antes de la ciencia institucionalizada.
Legado y transición
La Prehistoria dejó las bases sobre las que se desarrollaron las sociedades históricas: dispersión de Homo sapiens por el planeta, cooperación social, tecnologías de producción y transporte, sistemas de subsistencia, pensamiento simbólico, domesticación de especies y primeras comunidades sedentarias. La aparición de ciudades, Estados y escritura no fue un comienzo absoluto, sino el resultado de procesos acumulados durante decenas de miles de años.


